jueves, 4 de junio de 2009

¿POR QUÉ SE SUICIDAN TANT@S POETAS?

¿POR QUÉ SE SUICIDAN TANT@S POETAS?

Oficio de locos y visionarios. Cuando a mitad del paso de la tormenta, a través de la negrura brillante de nubes de sangre y pólvora tus retinas reflejan luz y versos de color, el hombre piensa: ¿Qué dice este iluminado?

Si más allá del límite, la visión se expande sobre la esposa y madre, mutiladas por la mano vengativa y cobarde que un día juró caricias. Y anuncia la aurora en la diáspora misma de la noche, ella dice.
-¡No es amor, es muerte!
Si la voz se alza sobre el silencio temeroso, se oye el rumor de susurros entrecortados que gimen impotentes.
-¡No sabe lo que hace!
Despierta el poeta en el ojo mismo del huracán, mira a su alrededor y no hay nadie a mil años luz de distancia. Está solo, hecho de ausencias en la soledad descarnada.

Gabriel Ferrater: el sol vendió su fuego y tú prometiste colmar el vaso. La “hechicera” acudió cuando la llamaste.

John Berryman: Henri te ve llegar, sonriente, irónico. Te encaramas en la barandilla, saludas, saltas y el Missisipi diluye en sus aguas cóleras y resentimientos.

Alfonsina Storrni: amor, mar y muerte. Toda inmensidad, toda océano.

José Agustín Goytisolo: “Palabras para Julia”. Imitas el vuelo del Águila Real, Ícaro romántico que quieres tener el cielo en tus manos y desafías la ley de la gravedad.

Silvia Plath.
Virginia Wolf.
Pedro Casariego.
Kostas Karyotakis.
María Poliduri
Pierre Drieu de Rochelle.
Jack London.

Que intrincado laberinto guarda el nexo entre el suicidio y los poetas ¿quizás el insalvable abismo que existe entre su mundo interior y el mundo que les rodea?

Pedro Ortuño.

martes, 28 de abril de 2009

¿COMO ES EL CIELO POR DENTRO?



Una duda existencial me asalta desde hace tiempo.
¿De que color? ¿De que forma? ¿Cómo es el cielo por dentro?
¿De que están hechas sus calles? ¿Cómo son sus viejos templos?
¿Cómo vive allí la gente? ¿Ríen? ¿Lloran? ¿Sienten miedos?
Entré en su página Web por captar alguna idea,
pero es tan enrevesada y me dio tantos problemas
que al final he decidido especular por mi cuenta.
Cojo lápiz y papel, y a ver si salgo de ésta.

Dicen que se van al cielo todos los que fueron buenos,
para vivir, ya por siempre adorando a un Dios eterno.
Mas, a mi eso me mosquea porque, de entrada, no entiendo
que ascetas, asexuados y hasta el mismísimo clero
sean la mejor compañía para tan extenso tiempo.
Anacoretas, meapilas y todo lo que da el género
me aturden y me anonadan. Así que elijo el infierno,
que allí voy a estar de cine, entre whiskys, juego y sexo.

Mas, volvamos a lo nuestro, no nos salgamos del tema.
Otros dicen que allí hay interminables praderas
y eternamente, a caballo, cabalgando irán por ellas.
Pobrecito el animal que aguante sus posaderas,
con tantas ventosidades, en esa eterna carrera.
Lo del avituallamiento lo tiene crudo el colega.

Hay quién afirma también y dice con mucha flema
que se trata de un harén lleno de mujeres bellas.
Con noventa y nueve huríes por barba, dice el Profeta.
Y digo yo; los que no pueden con una, ¿Cómo arreglaran el tema?

¿O será lo que otros dicen? Que quién cruza aquella puerta
nada siente, nada espera, pues sólo una cosa es cierta,
que todo lo envuelve, cubre y llena la muerte negra.
Yo pienso que si es así ¡¡¡Vaya un porvenir de mierda!!!

Luego están esos que llevan la felicidad a cuestas,
el “paz y amor”, las bandurrias, guitarras y panderetas.
Con sus blancas vestiduras recorren pueblos y aldeas
sin dar nunca un palo al agua, y con diez palmos de jeta.
En fin, que cada cual tiene, del cielo su propia idea
y refleja sus tendencias con su conducta en la Tierra,
y hay aquí un crisol de gentes que viven con sus creencias
y esto es un batiburrillo de madre y señora nuestra.

Para echar luz sobre el caso hice una pequeña encuesta.
Elegí un numero impar para que empate no hubiera.
(Descartando a los que hablan con Dios por línea directa)
Veinticinco de la peña aceptaron la propuesta
e hice la misma pregunta que da título al poema.

El resultado fue claro: doce sordos, doce mudos y un “no sabe, no contesta”.

PEDRO ORTUÑO IBÁÑEZ.

domingo, 29 de marzo de 2009

DEL AMOR PROHIBIDO



DEL AMOR PROHIBIDO


De lanza y cuchillo.
De abismo y vacío.
De yunque y martillo.
De ayuno y peligro.
De mares en calma.
De fuego encendido.
De tristes mañanas.
Que se han evadido.
De lágrimas vivas
y leves suspiros.
De estepas perdidas.
De viñas y olivos.

De esperanzas vanas
y de arroyos secos.
De planicies llanas
y escarpados cerros.
De abstinencia casta.
De whiskys con hielo.
De burdel y cama.
De rencor y celos.
Y de tantas noches
de amargos desvelos.
Sin ningún reproche.
Amándote en sueños.
De sábanas frías
que hielan el alma
si amanece hundida,
triste y solitaria.

De taco y blasfemia.
De música sacra.
De oración eterna.
De fe renegada.
De cuervos que vuelan
sin respetar nada
y en su pico llevan
todas mis entrañas.
De burlas procaces
que son amenazas,
que sombras falaces
a menudo lanzan
y cuyos mensajes
de lleno me alcanzan,
y cubren mis tardes
de luto, hasta el alba,
de un vivir complejo
de antifaz o máscara
mientras que allá lejos
el amor se escapa.


Pedro Ortuño

sábado, 7 de marzo de 2009

Saturado

SATURADO

Ya no “pueo” más Sandalio,
no hay quién aguante a esta gente
Sebastián, esto es un palo.
Venír pa`cá que os lo cuente.
Vamus a “jechar” un trago
qui si tranquilice el vientre
qui está “discandalizado”
con lo del “pograma” ese,
qui hay qui joerse Remigio
lo que sis´cucha en la tele.
Pos, qui si icen qui dijo,
pa que tó el mundo sen`tere
qui mengana a fulaníco
poniéndoselos va en serie,
qui más que los de un toríco,
los dun`semental parecen.
Dimpué se ponen a caldo
iciéndose guarrerías.
¡Qui si tú eres tanto y cuanto!
¡La tuya más qui la mía!
Qui si te pillo te mato.
Y “munchas” más perrerías.

Luego cojo el botoncico
y media “guerta” le doy
pa descansar un poquíco,
y va, y mi sale el Rajoy
y “impieza” a darle al piquico.
Qui si al Zapatero voy
a darle un “güén” repasico
pa qui ande caliente hoy.
Y si pega cuatro horas
qui si negro, qui si blanco,
qui na más qui ice “trolas”
qui si nus está “ingañando”.
“Paíce” que li han dao cuerda.
O una “mesma” letanía.
Que tó lo que “güele” a izquierda
lo deja patas arriba.
Y en estas, va la “Isperanza”
y sa`punta al bombardeo
y a vé quién es el qui aguanta
sin agarrarse un cabreo.

Y es qui con estos “pogramas”
nus están tomando el pelo,
di la noche a la mañana.
Estoy “jarto” de choteo.
El Rivera, La Pantoja,
“Jezulín”, Julián “Muñó”.
¡Qui castigo! ¡Qui congoja!
¡La madre que los parió!

PEDRO ORTUÑO

Tebeo mío

TEBEO MÍO


Pendías de un hilo tejido de ensueños, sujeto a él con una pinza de estrellas que emitía destellos de risas e ilusiones.
Me esperabas en los arrabales de un kiosco forjado a base de fantasías de infancia.
De pronto mi brazo infantil se convertía en castigo de malhechores y truhanes, no existían límites, y la imaginación volaba en frenético sprint hacia espacios donde, mancilladas la justicia y el honor, se esperaba al héroe reparador.

Y la historia se encarnaba en mí.
Las hazañas tomaban mi nombre y yo cabalgaba sobre nubes de espuma, con destino a castillos de princesas encantadas.
Hadas y gnomos saludaban mi llegada.

El oxido del tiempo ha inutilizado los goznes de mis puertas, ha desvencijado mis alas y ha Enmohecido una tras otra mis articulaciones.

Desde el realismo más aplastante, contemplo en vuestras, ya borrosas páginas, a un niño con canas, lleno de arrugas y descartado de espadas justicieras y damas a las que amar con apasionado frenesí.

Pedro Ortuño Ibáñez

El jubilado

EL JUBILADO



Después de habitar los montes
y las simas más profundas.
De ver el claro horizonte
y la más negra penumbra
y sin pensarlo siquiera
convertir, controvertido
largos días de quimeras,
en un absurdo tiovivo.
Recapacito y entiendo
que hay que ver lo positivo,
es por eso que hoy presiento
que nunca estaré aburrido
pues me ha enseñado su cara
la ociosa jubilación
y, tengo las cosas claras,
he de hallar la solución.
Mas, teniéndola tan cerca
no se por qué me atosigo
si cualquier sombra se aleja
con sólo abrir un buen libro.
Y hay una legión de gente
que siempre va a estar conmigo,
ensanchándome la mente,
enseñándome mil sitios,
mostrándome la manera
de aprovechar bien las horas.
Ni de broma ni de veras
caeré en hastíos ni fobias.

Empezaré mis visitas
por Vicente Blasco Ibáñez
y se hablará en nuestra cita
de cañas, de barro y sangre.
Luego con Miguel Delibes
que me explicará ese día
como pena y como vive
el desdichado Azarías.
Miguel Hernández, seguro,
me ha de invitar a su mesa
para contarme, calculo,
lo de “El Rayo que no cesa”.
Después a Italo Calvino
que en bata y en zapatillas
va a relatarme con tino
“La Gran Bonanza en las Antillas”.
Hasta Carlos Ruiz Zafón
he de acercarme en silencio
y respirar la emoción
de su, “La sombra del viento”.
Dando un gran salto en el tiempo
me encontraré con Homero,
y veréis que en un momento
va a presentarme a Odiseo.
Éste a su vez, por si acaso,
con gran precaución y esmero,
va a llevarme, con cuidado
donde vive Polifemo.
Compartiré “La Odisea”
sobre un mar de aguas serenas
y quietas, donde rielan
estrellas y lunas llenas.
Guiará Dante mi descenso
hasta el mismísimo infierno
y, de verdad, será horrendo
sentir el dolor y el miedo.
De regreso a nuestro siglo
me llegaré hasta D. Pío
para que me preste libros
que me hablan del pueblo mío,
porque quiero conocer
con interés y sosiego
la historia y el parecer
de los yeclanos labriegos.
Hechos de luto y de llanto,
de silencios seculares,
de muy duros desencantos,
de agua bendita y altares.
De ese “¿Qué vamos a hacer?”
que se ahogaba en sus gargantas,
de esos “pues vamos a ver”,
llenos de paciencia innata.

José Luís Castillo Puche
me atenderá muy contento
para decirme que luche
contra la lluvia y el viento,
pues por todo hay que luchar
para conseguirlo todo,
para evitarnos andar
luego, “Con la muerte al hombro”.

Me dicen y me comentan
los recientes jubilados
que el aburrimiento aumenta
cuando estás ya sin trabajo.

Pero a mi me han dicho todos
los que de verdad lo saben.
Se aburren por que están solos,
porque no tienen a nadie.

PEDRO ORTUÑO
HOY QUIERO ESCRIBIR…


Hoy quiero escribir mi gran poema. Justo, ese que llevo buscando durante tanto tiempo.

El que altere la sensibilidad de quienes lo lean.
El más sublime.
El más profundo.

De manera, que hoy voy a poner la funda al teclado, a cerrar la libreta, a guardar el bolígrafo.

Voy a abdicar de mi cómoda condición de pequeño burgués, a ponerme las vestiduras de los desnudos, a perderme entre los desheredados y hambrientos y a exilarme con los exilados.

Dejaré de mirar mi propio ombligo y compartiré con ella trabajos y obligaciones. Las tareas del hogar será cosa de ambos por igual.

No sólo querré ser escuchado, sino que aprenderé a escuchar. Y respetaré, a más de ser respetado.

Renunciaré a la estúpida vanidad de ser la cima y me insertaré en la base de las sonrisas francas, sinceras.

Olvidado de oscuros deseos, aventaré miradas blancas.

Dejaré de usar el codo, para extender la mano abierta.

Hay materia para la excelente poesía.

Mas ¿tendré la suficiente decisión, talento y valor para plasmarla?

Pedro Ortuño Ibáñez.